“Una
Reflexión de los últimos 820 días en Bocas del Toro”
por Carmenza Céspedes -
Voluntaria de Cuerpo de Paz
Al cercarse la
fecha de mi partida de Panamá, el lugar que he llamado mi hogar por los últimos
dos años y medio, empiezo a recordar las razones porque decidí dejar mi familia
en Nueva York para trabajar como voluntaria de Cuerpo de Paz, una agencia
gubernamental del EU iniciada hace 40 años al nivel mundial, para colaborar en
programas de desarrollo a nivel comunal.
Las razones son
varias y como un disco las tengo grabada por el hecho de explicarlas a
numerosos Panameños que he encontrado en el camino. Siendo hija de inmigrantes Colombianos siempre me ha interesado
vivir en Latino América y mejorar mi dominio del idioma natal de mis
padres. También me fascinó la
oportunidad de poner en práctica mis estudios universitarios en administración
de negocios y mis experiencias laborales en el ambiente internacional de
negocios. Pero en el fondo de estas
razones y las otras diez que me ayudaron a convencer a mis padres de mi
decisión, siempre sentí el deseo de trabajar con la gente más necesitada para
aprender de ella, y a la vez aportar con mi conocimiento en su desarrollo para
lograr un futuro más fructuoso y lleno de esperanza.
Durante los últimos
dos años como voluntaria de Cuerpo de Paz, en el programa de Desarrollo
Económico Comunitario, he capacitado e implementado sistemas de control para el
mejor manejo de los negocios de micro empresarios y grupos organizados en
Changuinola, ubicada en la bella provincia de Bocas del Toro.
Changuinola siendo
una cuidad rodeada por los bananales, la primera actividad económica de la
provincia, cuenta con una población de 40,000 habitantes. Por 100 años la compañía, United Fruit
Company conocida hoy como la Bocas Fruit Company, ha atraído una multitud de
gente a esta región buscando empleo. La
diversidad etnia del bello pueblo panameño está representada aquí por los
“latinos”, negros con raíces antillanos, centro americanos y los diferentes
grupos indígenas como los Kunas, Naso (Teribe) y Ngäbe, coincidentemente conformando la mayoría de la población
Bocatoreña.
En Septiembre
de 1998, yo llegué a Changuinola a través de la invitación de la Organización Bocatoreña de Apoyo a la Micro y Mediano Empresa, O.B.A.M.M.E., una asociación sin fines de lucro, fundada en 1995, para el apoyo
a la micro empresa. Mi deber con
O.B.A.M.M.E, ha sido trabajar con la asociación para fortalecerla y a asesorar
los socios en cuanto a sus necesidades particulares en el manejo de sus negocios:
contabilidad, mercadeo, control de calidad y atención al cliente
etc.
Juntos hemos luchado a impulsar al
micro empresario para que logre agruparse, para que así pueda confrontar y mejorar la problemática que sufren los
empresarios en el sector formal e informal en cuanto a financiamiento,
administración y auto gestión.
Con los altos y bajos hemos podido
lanzarnos a un nuevo reto. Hoy me
siento contenta de ver la organización motivada y trabajando con un nuevo
proyecto a gran escala. O.B.A.M.M.E. esta formulando un proyecto de Canalización y Relleno de un Canal de Drenaje en el Centro
Comercial de Changuinola, para luego construir un
mercado comercial donde daríamos respuestas a los empresarios ya que ellos
confrontan problemas de ubicación.
Durante mi estadía he tenido la
oportunidad de conocer otros grupos organizados a través de O.B.A.M.M.E. He trabajado a nivel regional con artesanas
Ngäbe, como La Asociación de Productores de Mesi Kiga (A.P.R.O.M.E.K.), una
asociación que se dedica a la confección de sus artesanías tradicionales como
la nakwa (vestido tradicional), chácara (bolsa de fibras naturales) y chaquira
(collares y pulseras). A través de
nuestra gestión las artesanas han podido aumentar su conocimiento básico de
prácticas de negocios, puestos de ventas y mejorar la calidad de sus productos. Actualmente, nos encontramos
construyendo una casa artesanal adonde los miembros pueden confeccionar su
artesanía.
Hoy por hoy puedo concluir que mi meta
de compartir mis conocimientos con algunos Panameños y juntos buscar las
soluciones para un mejor nivel de vida se ha cumplido. Me siento complacida de haber dejado una
semilla plantada que da esperanza de seguir creciendo. Irónicamente, me encuentro en una situación
similar de la cual me fui de mi país hace dos años y medio. Al despedirme de todas las personas que
generosamente me abrieron las puertas de sus negocios y casas, me embarga hoy
la tristeza en saber que muy pronto partiré.
Quizás el mayor logro que he realizado ha sido el laso de amistad con
estas personas con quienes he compartido en mi estadía.
